Cargando...
  • La rana hervida

    El profesor e investigador Medina Salgado descubre en su ensayo “La resiliencia y su empleo en las organizaciones” la etimología del término. Derivado del latín “resilio” y compuesto del prefijo “re” y el verbo “salire”, significa saltar. En consecuencia, concluye que la resiliencia significa “volver a saltar” o “volver de un salto”.

    No es casualidad, por tanto, que una animación imprescindible en nuestras sesiones de formación sobre emprendimiento sea la referida al síndrome de la rana hervida. En una primera secuencia, el pequeño animal salta enérgicamente de un recipiente cuando entra en contacto con agua hirviendo. A continuación, preguntamos al alumnado qué sucedería, en cambio, si la rana es sumergida en agua fría y poco a poco se va elevando la temperatura hasta hervir.

    El citado profesor mexicano afirma que la resiliencia puede ser definida como la capacidad de un sistema para absorber los cambios que se vislumbran en una serie de crisis repentinas. De igual manera pone en evidencia el aspecto que pretendemos resaltar: la capacidad de prevenir el empeoramiento de circunstancias negativas al paso del tiempo.

    Las respuestas de los alumnos a la cuestión planteada no son tan coincidentes. La resiliencia, tanto en el ámbito personal como profesional, exige desarrollar la capacidad de adaptación a entornos cambiantes, flexibles, dinámicos y en muchos casos desconocidos. Sucede habitualmente que las condiciones a las que está habituado a trabajar un emprendedor, mutan.

    Y estos cambios pueden operar de dos maneras. Es posible que los contextos alteren, perturben o modifiquen sus condiciones ambientales de manera brusca. El cambio se hace presente de forma notoria y el emprendedor reacciona con energía y prontitud. Como la rana, salta con ímpetu ante una impresión contundente.

    Es el caso del propietario de una pequeña tienda que observa cómo sus ventas descienden bruscamente. Sin duda se activará para encontrar las causas del cambio de tendencia y, sobre todo, para aplicar drásticas correcciones encaminadas a superar el contratiempo y volver a la senda de la ganancia. El emprendedor salta ante el agua hervida que representa un amenazante y hondo descenso de los ingresos.

    Sin embargo, puede suceder que los cambios operen de manera tenue y vaporosa. La experiencia lleva a afirmar que la mayor parte de las mutaciones que suceden a lo largo de un itinerario emprendedor son imperceptibles, insignificantes, inapreciables y aparentemente indoloras. En este caso, la tienda referida podría estar perdiendo ventas de forma paulatina, gradual y escalonada, sin que resuene la necesidad de reaccionar. Es lo que vulgarmente se conoce como desangrarse poco a poco. La herida no parece grave pero no deja de supurar.

    Estando en un cierto confort, se corre el peligro de entrar en una especie de letargo como consecuencia de una nociva autocomplacencia o creencia de seguridad y control. En este estado de somnolencia, a no ser que un tsunami le agite o despierte, el emprendedor vive en una actitud caracterizada por ausencia de espíritu crítico, excesiva confianza o escasa capacidad de observación.

    Toda persona que emprende debería desarrollar una fina sensibilidad. Tener los ojos abiertos como las vacas, según afirmaba el economista y escritor José Luis San Pedro. Todo lo que pasa alrededor es importante. W. Neil Adger, profesor de Geografía Humana de la Universidad de Exeter, confirma que la resiliencia actúa como un escudo que ayuda a que la organización se adapte a los cambios producidos en el ambiente exterior.

    Es precisa una capacidad de resiliencia muy afilada para reaccionar con diligencia, no solo a circunstancias, adversidades y contratiempos palpables, sino, sobre todo, a situaciones o contrariedades apenas percibidas. Sin duda son las más mortíferas. Las que necesitan de una agudeza especial y un dispositivo interior que haga tensar las ancas y huir del recipiente antes de que el agua llegue a la temperatura en que no hay remedio. No hace falta decir que el anfibio, en la segunda secuencia de la animación, permanece inerte ante el paulatino avance de la temperatura y acaba muriendo. Es momento de ser rana atenta a cualquier cambio y reaccionar, culmina la enseñanza para todo emprendedor.

  • También te puede interesar...

    No hay comentarios

    Dejar una respuesta